
Muy sola y muy triste,
Una verdad muy amarga para un martes en la mañana.
Es de esas semanas donde tu mente abre un buzón para quejas. Y comienzas a depositar recomendaciones unas veces como un cliente furioso y otras como un crítico inconforme. Pero una vez lleno el buzón, saturada la mente y cansado el cuerpo solo queda espacio para la crisis existencial. Porque ¿que seria de la humanidad sin las crisis o de la sociedad sin las depresiones?
¿Que constituiría una crisis, en todo caso? No logro hacerme la idea porque los artistas tenemos un concepto de la vida y un complejo con el mundo; donde el primero crea y el segundo engaña, pero en la realidad no somos expertos en nada útil y nos pensamos especiales porque donde otros ven cenizas nosotros aun sentimos el calor del fuego. Y ¿de que nos sirve, de que me sirve a mí hoy “prozar” mis frustraciones o al pintor contrastar sus ausencias?
Cuando todas las preguntas que se te pueden ocurrir no hayan respuestas e \s el comienzo inminente de una crisis, al menos así es como viene funcionando en la metrópolis de mi psiquis. ¿Y la depresión? Ese ardor ingrato que llena tu copa y enciende un cigarrillo mientras te consumes. Eso que a mis ojos siempre ha sido una niñada de quienes han comido y han bebido y no hayan un mejor guión para dramatizar su rutina, es en realidad un narcótico para el espíritu.
La depresión en mi es esto, el no querer construir una metáfora el no poder vislumbrar una historia; cuando las palabras me pesan y la pasión me traiciona. Cuando después de todo; esa no resulta ser la cerradura de esta llave.